Un ataque armado contra turistas en Pahalgam, en Cachemira controlada por India, dejó 26 muertos (25 indios y un nepalí) el 23 de abril. La autoría, reclamada por el Frente de Resistencia de Cachemira, ha provocado una escalada diplomática y militar entre Delhi e Islamabad.
El suceso ocurrió en un recóndito valle de Pahalgam, adonde los visitantes solo acceden a pie o caballo. Testigos relatan que hombres armados se apostaron en puntos estratégicos y dispararon a quemarropa, acusando a las familias de respaldar al primer ministro Modi antes de abrir fuego. Las imágenes de cuerpos tendidos en el suelo y el llanto de los sobrevivientes circulan profusamente en redes.
Al día siguiente, India expandió su despliegue de seguridad en Jammu y Cachemira y anunció medidas punitivas contra Pakistán: clausuró un cruce fronterizo clave, redujo visados, suspendió su participación en el histórico Tratado de Aguas del Indo y expulsó a asesores militares pakistaníes. Islamabad rechazó toda implicación, respondió con la suspensión del comercio, cierre de su espacio aéreo y devolución de visas.
El Frente de Resistencia de Cachemira (TRF), activo desde 2019 y vinculado por India al proscrito Lashkar-e-Tayyiba, reivindicó el ataque con un comunicado en Telegram. Aunque sus redes de apoyo y liderazgo interno son aún confusos, el Gobierno indio lo incluyó en su lista de organizaciones terroristas y ofrece información de tres presuntos participantes, dos de ellos ciudadanos pakistaníes.
Cachemira, dividida desde 1947 entre India y Pakistán, vuelve a encender tensiones tras la revocación de su autonomía en 2019. Mientras Nueva Delhi jura “perseguir a los responsables hasta los confines de la tierra”, según Narendra Modi, analistas advierten que un paso en falso podría derivar en una confrontación abierta.










