La representante Olga Beatriz González rompe filas y pone su poder por encima de las bases: elige a Gentil Gómez, exmilitante de La U y cercano al uribismo, desatando una crisis interna y deslegitimando el criterio del directorio municipal y departamental.
En un giro inesperado, la representante a la Cámara Olga Beatriz González Correa ha ignorado el aval concedido por el directorio liberal de Melgar —y ratificado por el Comité Departamental— para favorecer a Francisco Bermúdez, y en su lugar ha impuesto su propio candidato Gentil Gómez Oliveros. Con esta maniobra, no solo arrebata la última ficha política de peso —los respaldos de Julio Morato y Luis Ángel Gutiérrez—, sino que también deja al Partido Liberal del Tolima al borde de una fractura sin precedentes.
La discrepancia cobra relevancia si se toma en cuenta el historial político de Gentil Gómez. Exconcejal de Melgar con trayectoria en el Partido de La U, Gómez apoyó a Federico Gutiérrez en las elecciones presidenciales, en contraste con la mayoría liberal que respaldó a Gustavo Petro. Además, tras la nulidad de la candidatura de Mauricio Jaramillo para la Gobernación, fue visto secundando a Yuli Porras, mostrando un oportunismo que el directorio municipal apenas tolera. ¿Cómo confía el directorio nacional en un precandidato con continuos “trafugismos” partidistas y cercanía al Centro Democrático?
El malestar interno se agudiza con denuncias de líderes locales que hablan de una “dictadura interna”. El diputado Carlos Arturo Reyes desde El Pulso Politico anunció acciones legales:
“Nos declaramos en desobediencia. Vamos a interponer una tutela por vulneración al debido proceso y al derecho de participación”, aseguró, advirtiendo que esta imposición viola los estatutos del partido.
Olga B., por su parte, rechaza cualquier responsabilidad: “Yo no tengo absolutamente nada que ver con la decisión de la Dirección Nacional. Dije que lo mejor era neutralizarme… y ahora me van a meter todo el muerto encima”, ha reiterado, intentando pintar su conducta como un acto de neutralidad. Sin embargo, su desprecio por el Comité Municipal y Departamental refuerza la idea de que actúa bajo intereses propios y desconoce el mandato de las bases.
La consecuencia política se podria traducir en una sangría de votos, pues analistas calculan una pérdida bastante considerable de sufragios para González en su ruta a la reelección. Las bases de Cunday, Carmen de Apicalá y Villarrica ya anuncian que se bajarán del “bus” liberal. Y mientras sigue pendiente el fallo de tutela interpuesta por el exalcalde Rodrigo Hernández, la pelea por las atípicas de Melgar amenaza con dividir al liberalismo tolimense de forma irreversible.
La contradicción dentro de los actores es evidente; el directorio municipal y departamental confió en Bermúdez, representando el sentir local, pero el nacional impone a un candidato cuya afinidad con el uribismo y su historial de virajes políticos despiertan recelo. El capítulo rojo en el Tolima entra en su fase más crítica: ¿sabrá Olga B. reparar el daño o acabará sepultando su propia carrera?










